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CÓMO ELABORAR CORRECTAMENTE OBJETIVOS (y no abandonar en el intento).

Lo primero… ¿Qué tipos de objetivos me pongo?

Existen muchos tipos de objetivos pero aquí vamos a ver los dos principales: OBJETIVOS DE RESULTADO Y OBJETIVOS DE RENDIMIENTO.

OBJETIVOS DE RESULTADO


Se centran en el final de una competición, en una victoria, una medalla, más puntos que el adversario, etc. Estas metas no dependen sólo de nuestro esfuerzo si no de variables que escapan a nuestro control como la habilidad de los competidores.

Para alcanzar estos objetivos, por muy buen desempeño que hagamos, el éxito o el fracaso no están relacionados directamente con nuestro nivel de rendimiento. Dependen de muchos factores externos.

Por ejemplo, si jugamos un partido de fútbol, puede que nuestro rendimiento haya sido excelente, el mejor hasta la fecha, pero si el adversario nos derrota en diferentes cualidades y todo nuestro éxito lo supeditamos a metas de resultado, es fácil desmotivarse y frustrarse.

Algunos ejemplos serían: ganar la liga, quedar primero/a en X competición, primer puesto bikini en IFBB España…

OBJETIVOS DE RENDIMIENTO


Son los que están focalizados en nuestro rendimiento personal.

Se trata de mejoras en nuestro rendimiento comparadas con nuestras propias ejecuciones previas, de manera que percibiremos mucho más control y flexibilidad.

De este modo, haremos ajustes muy precisos y adaptados a nuestro nivel de habilidad: subir X kilos en la barra, subir a 40-50 ml/kg/min VO2 máximo X burpees en x tiempo…

El logro de estas metas depende casi al 100% de nosotros, lo que aumenta nuestra percepción de autoeficacia, generan menos ansiedad que los objetivos de rendimiento (porque percibimos más control) y repercute en mejores resultados en las competiciones.

Es por esto que se prefiere que como deportistas utilicemos más METAS DE RENDIMIENTO.


5 PRINCIPIOS BÁSICOS PARA ESTABLECER OBJETIVOS


Establecer objetivos específicos

Metas como “quiero estar en forma” o “quiero ir más al gimnasio” nunca traen buenos resultados.

¿Cuándo vas a ir? ¿A qué hora? ¿Cuántos días? ¿Cómo vas a planificar tus entrenamientos? ¿Cómo vas a medir los progresos? ¿Cómo ejecutas los ejercicios? ¿Cuánto quieres levantar en sentadilla en 6 meses? Todas esas preguntas tienen una cosa en común: son específicas, medibles y concretas. No podemos mejorar lo que no podemos medir.

2. Establecer objetivos difíciles pero realistas

Exigirse demasiado poco tampoco es el mejor amigo de los buenos resultados. Debemos ponernos metas que reten nuestras habilidades actuales sin llegar a verlas como inalcanzables y nos desmotiven antes de empezar. Debemos sentirnos algo incómodos para conseguir cambios destacables. Si somos deportistas no orientados a la competición, podemos centrarnos exclusivamente en el desarrollo de nuestro potencial, técnica, rendimiento, etc a un nivel moderado para no abandonar la práctica deportiva.

3. Establecer objetivos a corto y largo plazo

Imaginemos que estamos subiendo una larga escalera; nuestro objetivo está en la cima pero para llegar necesitamos subir cada peldaño. Cada entrenamiento es como uno de esos peldaños que nos acerca a esa gran meta.

Alentarnos con refuerzo positivo a corto plazo nos motiva a seguir subiendo la escalera. No hay mayor reforzador del éxito que el éxito. Hay personas que son capaces de aguantar largos esfuerzos sin reforzamiento y otras que lo necesitan cada menos tiempo. Ponte pequeños éxitos como pasos intermedios en el recorrido hacia tu meta.

4. Establecer objetivos de rendimiento

Mejoras en el rendimiento del día a día, diferentes sistemas de entrenamiento, mejora de cualidades o probar diferentes métodos son grandes herramientas para la mejora del rendimiento. Y son los que más adherencia tienen porque como mencionaba anteriormente, nos ayuda a sentirnos responsables de nuestros resultados. Ello repercute en los beneficios psicológicos que vimos anteriormente.

5. Anotar por escrito los objetivos y públicamente: compromiso social.

Puede parecer absurdo, pero escribir a mano los objetivos, colocarlos de manera visible y delante de los demás, tiene un potente efecto de compromiso social y nos ayuda a querer alcanzar las metas con más ahínco. Genera una especie de deuda psicológica con los demás y la necesidad de no poder dejar nuestra imagen en entredicho; nuestra palabra está en juego.

En la medida de lo posible, no te guardes tus metas para ti y haz partícipes a otras personas, te ayudarán en momentos bajos.

También existen los contratos conductuales como si de un acuerdo legal se tratase, donde se firma el compromiso por escrito de puño y letra a alcanzar las metas. Esta herramienta es preferible utilizarla con una persona externa además de nosotros mismos, que sea testigo de nuestro compromiso y si es posible, hacerla partícipe.

Espero que os haya gustado, y sobretodo, os sirva.

A darle duro.

Un abrazo, @lauragares_


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